viernes, 20 de abril de 2012

madrid.


Nunca podré descifrar el misterio que hay en cada una de sus calles. Toda la magia que me desprende esta ciudad. Quizá sea por todas las veces en que el corazón me ha latido a mil por hora entre sus esquinas, por todos los pares de pies con los que la he recorrido, por todas las ilusiones que pongo en volver cada vez que se desvanece por la ventana del tren. Madrid es amor. Aventuras. Sitios de cuento. Donuts de colores. Zumos naturales en el mercado. Gente haciendo música en el metro. Café con nata en Starbucks. Descubrir tiendas escondidas y comprar vestidos bonitos. Que la lluvia no te moje. El hostal de un 4to piso de un edificio viejo de Fuencarral. Un mar de personas atravesando la ciudad a cada segundo. Extranjeros que se detienen a dedicarte palabras y alguna sonrisa. Tiendas enormes de galletas con sabor a limón. Paseos en teleférico. Subir al edificio más alto y ver toda la ciudad desde arriba. Cervezas en buena compañía. Desconocidos interesantes. Gente que lee en las tiendas con música clásica de fondo. Aficiones de fútbol. Recuerdos de tiempos lejanos. Amor entre las sábanas de una cama quizá un poco pequeña. Comida para llevar. Cansancio y felicidad a partes iguales. Siestas bajo los árboles del Retiro. Con faldas y a lo loco. Tranquilidad. Oxígeno para los pulmones. Sentirme en el centro del universo y a la vez como en casa, aún estando a millones de kilómetros. .